viernes, 12 de abril de 2019

SÉ DE VOS...



Sé de las cosas que te gustan, de tu piel tan blanca, que sos tan bonita cuando te acuestas como cuando te levantas. 

Sé de los temores que fatigan tu alma, del insomnio y las imperfecciones imaginarias. 

Sé lo que es mirar a Dios en tu mirada, lo que es hacerte el amor entregándolo todo hasta quedarse sin nada. 

Sé de la casa en el campo donde el cielo es tu patio, del sol que se guarda en tus ojos claros, de tus pómulos altos y de la mariposa furtiva en tus labios. 

Sé de atardeceres irrecuperables, de amaneceres diluidos en el tiempo, de besos enmudecidos por el silencio y de la huella de tu cuerpo... 

Y sé también de mí que, junto a vos, soy tan feliz.
     
  

LA CABINA EN LA PLAYA EN AYNI MAGAZINE


Ayni Magazine ha tenido la amabilidad de publicarme este relato, ilustrándolo con esta hermosa imagen.

La revista tiene un contenido sumamente interesante y variado. Los invito a revisarlo siguiendo el enlace.

¡Gracias!

domingo, 31 de marzo de 2019

CHARLES BUKOWSKI: ENTRE TANTAS MUJERES SE BUSCA UNA MUJER 



Se comentan las tramas.

Cuentan que Charles Bukowski nació por allá de 1920 en algún lugar de Alemania y murió por ahí de 1994, en algún sitio de los Estados Unidos de América. En el ínterin, si hemos de creerlo, bebió mucho y fornicó más, y escribió algunos buenos libros bastante adictivos para los que gustan de su estilo. Poeta, novelista y cuentista, su obra literaria se desarrolló mayormente en el país del norte, enmarcándose en el género, según dicen los que saben, de realismo sucio o ficción transgresiva. 

"Mujeres", es una de sus obras más conocidas, un compendio de mete-saca que, atrapante al inicio -quizá más por morbo- ya a medio camino se siente excesivamente reiterativa. El protagonista, el llamado alter ego de Bukowski, Henry Chinaski, fornica con infinidad de mujeres cuyo equilibrio emocional es cuestionable, después, discute con ellas para botarlas o ellas botarlo, según el humor de la dama de turno, situación que ocurre una y otra vez a lo largo de la obra. 

Así, leído superficialmente, “Mujeres” trata de un misógino que va fornicando con toda mujer que le pasa por el frente. Sin embargo, en una lectura más profunda, se devela cierta insatisfacción existencial. Casi al final del libro el personaje parece llegar a enamorarse, lo que lo hace aspirar a una relación más profunda con esa última mujer, pero esta, ¡oh sorpresa!, también lo manda al diablo y, en la última escena del texto, lo vemos solitario, a sus más de cincuenta años, abrir una lata de atún para su gato. 

¿Nos dice Bukowski que el amor no existe? Al menos ¿en el mundo en el que se desenvuelve? Dado el desarrollo de la novela, el final no podía ser otro; de un marcado tono pesimista. El autor retrata el ambiente superficial de su época californiana, con personajes tan emocionalmente desequilibrados, en especial las mujeres sobre las que gira la obra -tan víctimas de una sociedad castrante como de sí mismas- que pareciera imposible que germine algo autentico ahí, más que el dolor, el sufrimiento, la angustia expresada en la novela por cada una de ellas, y por el propio Chinaski en algunos pasajes. 

Quizá, lo más representativo de ésta, en términos del ser humano, es la denuncia del fracaso del sueño americano, o de la falsedad de este, que viene a ser lo mismo, según la perspectiva del autor; sueño que el protagonista parece alcanzar cuando comienza a ser reconocido y llegan los buenos ingresos por sus libros y conferencias, que le permiten tener acceso a mayor cantidad de mujeres, lo que, no obstante, no le aporta mayor felicidad en su vida. 

Al final, lo encontramos tan solitario como al principio de la obra tras su divorcio y sus años de forzosa castidad, viviendo sí la vida a su manera; pero completamente solo. No se crea que Bukowski pretendió ser gurú para alguien, aunque hoy muchos -cuyo equilibrio emocional también puede ser cuestionable- pretendan ser como él. De lo que sí se puede aprender es de su creación literaria, para unos atroz, para otros gloriosa; cada quien decidirá. Lo que no puede dejar de juzgarse es al genio por su arte; sus vicios y creencias, se compartan o no, aunque influyentes en su quehacer, son cosa aparte. 

Al terminar la lectura, algo deja el autor que obliga a buscar un nuevo libro suyo, será su estilo crudo, directo y sin adornos, soez y frontal. Así di con una recopilación de cuentos que resultó ser toda una revelación, "Se Busca una Mujer", haciéndome declarar admirador del estilo literario del viejo sin vergüenza, alcohólico, de aspecto rudo y escalofriante, capaz de golpear bárbaramente a su mujer en un programa televisivo, aunque con un alma, por momentos, demasiado sensible y atormentada por sus propios recuerdos. Es decir, simplemente, un ser humano contradictorio, quizá en su perfil menos brillante como persona, pero en el más alto como escritor. 

Y es que Bukowski, como se dijo antes, no pretendió ser luz para nadie, irreverente con las doctrinas políticas y religiosas predominantes en su época, parece deslizarse por esa zona gris entre el orgullo y la autocompasión, abriendo de nuevo, mediante sus cuentos, una ventana por la que empuja a asomar a la falsedad del sueño americano, a la triste realidad, para muchos, de lo que el país del Norte melancólicamente recuerda como su época dorada, donde en el discurso casi no habían pobres y los problemas del ser cotidiano no existían. 

Pero sí existían, problemas y seres desesperanzados, en medio de toda aquella bonanza económica desde el final de la Segunda Guerra Mundial y la llegada de los ochentas, con el interludio político de la guerra de Corea, la revolución sexual, la lucha de los derechos civiles de los afroamericanos y la guerra de Vietnam. Los cuentos se pueblan de personajes tristes, melancólicos, cargados, a veces, de un irónico sentido del humor, a veces, crueles y trágicos. Ciertamente, turbación es la emoción que quizá mejor lo define a él y a sus escritos. A veces, en esa caótica realidad, retoma el seudónimo de Chinaski, escritor la mayor parte del tiempo fracasado, apabullado por la vida, sus malas decisiones y sus vicios: las apuestas a los caballos, el alcohol y las mujeres. 

Quizá, la mayor virtud de Bukowski fue la de ser capaz de atrapar una emoción y desnudarla de artificios para mostrarla en su simple crudeza, haciendo de una narración sencilla, sin artilugios, una expresión de arte, en ocasiones, poética por la belleza de su despiadada brutalidad. 

En “Amor por 17,50 Dólares” se muestra la soledad de un hombre y su afición por los maniquíes quien, en su aislamiento emocional, prefiere el silencioso amor ficticio de un ser de plástico, con el que conecta profundamente -obviamente de manera unilateral- al problemático sentimiento que le ofrece un ser de carne y hueso, llegando al punto de sufrir más la destrucción de este ser que el fallecimiento de sus padres, según expresa. 

En “Maja Thurup”, un retorcido cuento humorístico, se muestra lo grotesco, no tanto del canibalismo, sino del aprovechamiento brutal de una persona sobre otra hasta darle muerte cuando llega al hartazgo, triturándola y guardándola en la nevera para comérsela. Una parodia de cualquier sociedad -capitalista, comunista, monárquica- que explota lo mejor de sus ciudadanos desechándolos cuando no le son útiles como fuerza laboral y, al interior de las propias familias, que abandonan a sus ancianos o a sus enfermos. 

En los “Asesinos” retrata la estúpida crueldad de la miseria que corroe el alma humana, indignante por cruda y absurda. En “Deje de Mirarme las Tetas Señor”, juega con provocar la indignación, en algunos, contra la mujer que se vuelca a favor de su violador dando muerte a su hombre, simplemente, por el apetito sexual, en lo que es un giro genialmente retratado. Sin embargo, no es un cuento reivindicativo, pues la mujer sólo cambia de macho; sigue sujeta a uno todavía peor. 

De los episodios más banales de la vida y con las descripciones más simples, Bukowski logra construir algo que se siente como arte profundo. Por ejemplo, la escena del salón hospitalario en “Todos los ojos del culo de este mundo y el mío”, donde los pacientes interactúan con las enfermeras; hace que se perciba el realista fluir de la vida en ello, a través del buen uso de la multiplicidad de voces. 

Al final, todos los relatos giran sobre una misma idea, la frustración ante una sociedad ostentosa, ante un sueño americano que no es accesible para la gran mayoría, ya no decir que, incluso, quienes lo alcanzaban no solían salir ilesos de él. Denuncia que ya planteaba en su novela "Mujeres", como vimos arriba. 

Prueba de tal crítica es el relato “Confesiones de un hombre lo bastante loco para vivir con las bestias”, con el que concluye el libro, donde se lee, según una traducción de Jorge Berlanga para la Editorial Anagrama: "Cristo y Cristo. ¿Qué había sido de las noches dulces y ociosas? ¿Por qué no le pasaba aquello a Walter Winchell, que creía en el sueño americano? ¿No había sido yo uno de los estudiantes más brillantes de antropología? ¿Qué había pasado?" 

Este relato impacta por la sensación de realismo visceral, que da en evocar algún pasaje de las “Uvas de la ira” de John Steinbeck -de décadas antes- en cuanto a la dolorosa crudeza del fracaso, de las ilusiones idas. 

En el mismo texto se lee: "Me fui dando traspiés hacia el camión. El sentido de la vergüenza que me habían inculcado en las escuelas americanas me decía que no debía dejar caer el becerro al suelo porque eso probaría que yo era un cobarde y no era un hombre y que luego no podría esperar más que continuas risas y burlas. Y es que en América tienes que ser un vencedor, no hay otra, tienes que aprender a pelear por cualquier pequeñez, sin preguntar ni dudar, y aparte, si yo dejaba caer el ternero, tendría que recogerlo y levantarlo y sabía que eso nunca lo podría hacer. Además, se ensuciaría. Yo no quería que se ensuciase, o mejor dicho: ellos no querían que se ensuciase." 

Así el autor se alza como la voz de aquella masa de “perdedores” de la sociedad americana que, al no encajar en los ideales del éxito, quedan relegados al olvido. Más adelante: "Salí. Crucé la calle hacia un bar mexicano y allí me tomé una cerveza, luego cogí el autobús hasta mi casa. La educación de las escuelas americanas me había jodido otra vez." 

Bukowski muestra de manera punzante centros médicos donde los pacientes son tratados como menos que personas, cuartuchos miserables para vivir, bares de mala muerte, burdeles, trabajos brutales y mal pagados, toda la mugre que puede haber debajo del sueño resplandeciente de la América progresista, el tercer mundo olvidado dentro de una nación del primer mundo y, por qué no, toda la tragedia de las masas en nuestras propias comunidades latinoamericanas; pero con diferente acento…

sábado, 9 de marzo de 2019

EL DESPERTAR



Embriagada por su propia belleza, desnuda frente al espejo, descubría cuán mágico era su cuerpo. 

Con una copa en la mano se tocaba los senos altos y sus ojos brillaban extraños... 

Apenas contábamos quince años; yo la miraba y la adoraba extasiado.

Hoy tan sólo somos un recuerdo, una gota en el mar del tiempo. Algo más parecido a un sueño.




viernes, 8 de marzo de 2019

UNA SONRISA EN EL AIRE



Ella, finalmente se ha decidido y, ahora, se siente feliz... 

Luces de neón y focos de carros al pasar; apresura sus pasos sobre la calzada tras estacionar el automóvil por la arboleda. Siente frío y se cierra el abrigo sobre el vestido corto, ajustado al contorno de la silueta exquisita. Larga la cola de caballo en la cabeza y la mirada oscura, brillante de pasión. Anónima tras gafas de sol, llega hecha toda nervios, en un puro temblor; pero con las ganas desbordándole el alma. 

Las palmeras capitalinas, en esta hora hechas sombras alargadas en las fachadas de los edificios, custodian sus pasos en dorados tacones altos, ¿por qué tardó tanto en decidirse?, porque no es fácil; una mujer como ella, en su condición, tiene mucho que cuidar. Sube los breves escalones de piedra. La luz en la entrada hace más resplandeciente la alegre sonrisa en sus labios. 

El viento sopla desde el quiosco trayendo un periódico con el crimen de ayer. Un zaguate flaco también se allega, le olfatea los pies y luego sigue su camino. Ella vuelve a llamar, ¡lo había hecho esperar tanto tiempo!... pero hoy la espera será recompensada. A él le gusta su pelo suelto, renegrido, con resplandores azabaches y ella se suelta la cola acomodándose con las manos la luminosidad de los cabellos. 

Vuelve a golpear el bronce antiguo de la argolla contra la madera, "a lo mejor no escucha, ¡por qué no tiene un timbre como todo el mundo!" Aún teme que algún conocido pueda verla a la entrada de la casa celestina, en espera que le abran. 

Finalmente, siente pasos muy suaves que se aproximan del otro lado. Respira profundo, ya no hay marcha atrás; pero igual no quiere darla. Escucha el picaporte que se descorre, la perilla moverse. De tan excitada ya está mojada. Se le echará encima, lo rodeará con los brazos y le morderá la boca sin dejarlo hablar. La luz interior que se enciende, la puerta que despacio se abre, la música ligera que llega de adentro, olor a marihuana y perfume de mujer, y la ilusión que se desborona... 

-¡Usted!... 

Desnuda bajo la camisa blanca se le transparenta el pezón a la luz de la entrada, la sensual cabellera castaña enredada y miel en la mirada clara. Los ojos, dos soles de ámbar. 

-Él está dormido -dice la otra, casi en un susurro, con voz gentil. 

¡Sí!, lo había hecho esperar mucho tiempo y se le hizo tarde. La otra ha sido más decidida, estando en idénticas circunstancias. Los focos de los automóviles que pasan le alumbran la vergüenza, repentinamente está más claro. Da media vuelta con un nudo en la garganta y los colores en las mejillas, y empieza a descender los escalones de piedra que dan a la acera. 

-Pero... ¿Por qué no entra? -inquiere la otra desde el portal, envalentonada, sensualmente recostada a la pared mostrando las piernas. 

Ella, sorprendida por la invitación, se detiene a media escalinata con los dedos equilibrados en el grueso pasamanos, pero aún más sorprendida de sí: tres cuerpos vaporosos hechos un nudo en la cama, es la imagen en su alma. Expectante, aún mojada, gira la cabeza retirándose el cabello del rostro al prensarlo con la oreja y, de nuevo, temblorosa alza la vista hecha un claro suspenso... cuatro ojos ardientes que se encuentran y una sonrisa en el aire.
 

sábado, 2 de marzo de 2019

DIOSA REFULGENTE



Ella es el sol de los corazones solitarios y de los amantes desesperados. 

Es diosa misteriosa que, entre más oscura la noche, más incrementa su brillo. 

Encarnada en loba camina libre por los campos y por los imperios de los hombres. 

Encarnada en dama luce estrellas en el pelo y se adueña de tus sueños. 

La luna es una mujer, con alma de loba solitaria, de mirada oscura y refulgente piel...